¿QUÉ NOS CUENTA UN DIENTE DE DINOSAURIO?

MPZ2011/59 Un solitario diente de dinosaurio terópodo de Villanueva de Huerva

Cuando vamos a lugares costeros y entramos a las tiendas de souvenirs pocas veces nos resistimos a llevarnos a la oreja una de esas enormes caracolas de mar para escuchar el sonido de las olas. En realidad es un efecto amplificador de aire en su interior vibrando por las perturbaciones sonoras externas.

Quien escribe esto no suele hacer cosas tan obvias y si otras bastante más extrañas. Hoy visito los almacenes del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza y voy a llevarme a la oreja un diente de dinosaurio terópodo escondido en el fondo de un cajón con el firme propósito de redactar todo lo que me susurra.

Guardado en una cajita de plástico transparente, su procedencia, Poch2 (sur), y su nombre, MPZ2011/59, están escritos con rotulador negro. Todo comenzó hace unos 135 millones de años, en el Cretácico inferior, cuando los dinosaurios dominaban el planeta. Para visitar su lugar de origen tengo que desplazarme 45 Km. al sur de la ciudad, al municipio zaragozano de Villanueva de Huerva. Situado en la margen izquierda del río Huerva y justo en el borde norte de la Cordillera Ibérica aragonesa, Villanueva tiene varios yacimientos paleontológicos donde se han encontrado restos fósiles de dinosaurios. Uno de ellos, el denominado El Paso, es un yacimiento de icnitas o huellas fósiles acondicionado para poderlo visitar. De hecho, yo mismo soy el encargado de realizar las visitas guiadas al mismo. Pero este diente se encontró en un barranco al otro lado del río, en un yacimiento llamado Pochancalo.

Barranco Morenillo en Villanueva de Huerva (Zaragoza). Foto: Jesús Martín

He llegado. Mientras cruzo el río, no sin dificultad pues no hay puente cercano, se me ocurre llamar al Paleontólogo que descubrió el yacimiento hace más de 20 años: Samuel Zamora, en aquella época estudiante de la Universidad de Zaragoza y ahora Científico titular del Instituto Geológico y Minero de España. Samuel es un buen amigo y me cuenta encantado su extraordinario hallazgo:

“El once de Diciembre de 1998 fue un viernes más para casi todos los estudiantes de geología que se disponían a subir a un autobús en el campus de Plaza San Francisco para dirigirse a la localidad de Villanueva de Huerva, con el fin de aprender estratigrafía. Ni para mí, ni para mi compañero de promoción Sergio Bajo, se trataría de un día más en nuestra licenciatura.

El autobús salió puntual a las 8 de la mañana, y a eso de las 9.30, tras una breve pausa para tomar café, llegamos a nuestro destino. Nada más parar, nos llamó la atención un afloramiento de arcillas rojas en la margen derecha del Huerva que hacía un escarpe junto al río y afloraba razonablemente bien. Nuestra profesora, la Dra. Beatriz Bádenas, nos explicaba que íbamos a aprender a hacer columnas estratigráficas de detalle en las facies Weald del Cretácico Inferior, en concreto en la Formación Villanueva de Huerva. Ese tipo de facies, aunque en edades ligeramente más modernas, había proporcionado restos de dinosaurios y otros vertebrados Mesozoicos en la Provincia de Teruel, en el entorno de Galve, pero nunca antes se habían encontrado restos directos de dinosaurio en Zaragoza.

Sergio y yo nos afanamos a nuestro trabajo, detallando en nuestro cuaderno centímetro a centímetro cada estrato de roca, su morfología, espesor y tipo de litología; una tarea que bien ejecutada proporciona datos muy importantes sobre el ambiente donde se depositaron unas rocas concretas. Cuando apenas habíamos medido cuatro o cinco metros de capas de roca, nos llamó la atención unos fragmentos de hueso que resaltaban en un estrato de microconglomerado de colores anaranjados. Sergio, que tenía más experiencia que yo en rocas similares, enseguida me dijo que se trataban de restos de hueso. Durante varios minutos dejamos nuestra tarea de sedimentología para buscar más restos, pero tuvimos poca suerte. Entonces, le propuse a Sergio que a la hora de comer podríamos cruzar el río y pasar a su otra margen, donde esos niveles parecían mucho mejor expuestos. La otra margen del río nunca antes había sido visitada, ya que todos los trabajos de sedimentología realizados por Ana Rosa Soria, que realizó parte de su doctorado en la zona, se habían centrado en el corte que aparece justo paralelo a la carretera, en la margen izquierda aguas abajo.

Yacimiento Pochancalo. Foto: Grupo Aragosurus-IUCA

Llegó la hora de comer, y en vez de hacer lo propio, y acompañados de cierta emoción y entusiasmo, nos dirigimos hacia los afloramientos que a primera hora de la mañana habíamos divisado desde el autobús. Tras cruzar el río, llegamos a un barranco, conocido como Pochancalo donde la erosión de las aguas superficiales había permitido que las rocas afloraran en buenas condiciones. Sergio prefirió seguir el barranco aguas arriba, y yo cortar la serie junto al escarpe del río. De repente, ¡allí estaba! En un bloque desprendido de microconglomerado había un fragmento de costilla de varios centímetros de longitud bien conservado. Era el primer resto de vertebrado encontrados en la zona; poco después Sergio se acercó con varios fragmentos de hueso y lo más importante, una punta de diente muy bien conservada. Era de apenas dos centímetros pero conservaba muy bien sus bordes aserrados. No había duda, se trataba de un fragmento de diente de terópodo. Empaquetamos todo bien y volvimos a nuestras labores de estratigrafía.

Estábamos deseando llegar a Zaragoza para tratar de hablar con nuestro profesor de paleontología, José Ignacio Canudo, cuyo trabajo en los últimos años se había centrado en iniciar una nueva línea de trabajo sobre los reptiles del Mesozoico de Aragón. Tras ponerlo en antecedentes, le enseñamos los restos y llegó la confirmación de un especialista en la materia: se tratan de restos directos de dinosaurios, los primeros de Zaragoza. Nos pidió que le proporcionásemos unos datos básicos del hallazgo, lugar, nivel aproximado, y lo más emocionante para nosotros en aquel momento, que le pusiéramos nombre al yacimiento, ya que habíamos sido sus descubridores. Tras mirar el mapa topográfico de la zona, nos pareció apropiado bautizar el yacimiento con el nombre del barranco homónimo donde se encontraba, Pochancalo, y así ha permanecido hasta la fecha. Durante varios meses…”

¿Samuel? La comunicación se interrumpe, estoy llegando al barranco y me quedo sin cobertura. No me da tiempo de comentarle que el barranco donde está ubicado el yacimiento en realidad se llama Morenillo, el barranco Pochancalo se encuentra unos 500 metros más al norte. No tiene importancia.

Posteriormente al descubrimiento se realizaron diversas prospecciones y publicaciones para dar a conocer los restos fósiles encontrados en Villanueva de Huerva. El yacimiento Pochancalo tiene al menos cinco niveles con fósiles de vertebrados y en ellos se observa una gran variedad de rocas sedimentarias (margas, calizas, conglomerados, areniscas y lutitas) depositadas en un medio fluvial. En el transcurso de estos años el grupo de investigación Aragosaurus-IUCA de la Universidad de Zaragoza ha encontrado en el barranco Morenillo restos fósiles de peces óseos, hibodóntidos (pequeños tiburones), anfibios, pequeños mamíferos y reptiles: antiguos cocodrilos, tortugas, pterosaurios y dinosaurios.

MPZ2011/59 tal y como fue encontrado. Foto: Grupo Aragosaurus-IUCA

Una vez llegado allí busco el afloramiento de microconglomerados donde apareció MPZ2011/59. Enseguida esa mezcla de clastos amarillos y rojos que lo componen salta a la vista. La pendiente dificulta el acceso pero allí están las rocas que cobijaban al diente hasta que un día fue extraído. Por un momento cierro los ojos y veo aquellas fotografías que su descubridor, el Dr.José Ignacio Canudo, me mostró en cierta ocasión donde se podía ver el diente en el momento del hallazgo. Incompleto y bastante fragmentado fue preparado cuidadosamente en el laboratorio para dejarlo con el mejor aspecto posible y listo para ser observado y estudiado.

Aunque los dientes de los dinosaurios presentan diversas morfologías, los característicos del grupo de los terópodos son fácilmente reconocibles. Son dientes alargados, con un ápice puntiagudo y bordes con dentículos en forma de sierra. Lo que comúnmente se encuentra y llamamos diente es en realidad la corona del mismo. El diente se completa con la raíz que resulta más difícil de encontrar unida al resto. La corona está compuesta por dentina y una capa de esmalte duro que la cubre, ésta puede estar ornamentada por estrías o surcos. Lateralmente la dividimos en tres partes asociadas al ápice, al centro y a la base. El borde del diente más cercano al labio se le denomina mesial y el borde contrario distal. Ambos bordes suelen presentar carenas aserradas. Si vemos la corona en vista basal comprobaremos que su forma es claramente elíptica.

Partes de un diente de dinosaurio terópodo. Creado por Jesús Martín a partir de una copia de un ejemplar encontrado en Galve (Teruel)

Cualquier persona, sin necesidad de grandes conocimientos, al ver un diente de terópodo puede asociarlo a su alimentación. Su apariencia en forma de cuchillo, de mayor o menor tamaño, con sus aserrados bordes nos indican que estos dinosaurios comían carne. Y, efectivamente, se trata de un grupo fundamentalmente carnívoro, de cazadores y carroñeros, salvo raras excepciones como los tericinosaúridos.

A estas alturas creo que nadie tendrá duda del grupo de dinosaurios del que hablamos, Tyrannosaurus o Velociraptor son dos géneros de terópodos bien conocidos por todos y habituales en libros, salas de cine y jugueterías en los últimos 30 años. Dentro del mundo científico también han tenido el mayor protagonismo de la Paleontología moderna por su intenso, y ya confirmado,  parentesco con las aves actuales. Sí, sí, el mirlo que nos deleita al amanecer con su bellísimo canto o los pollos de la granja del tío Paco son verdaderos dinosaurios. Está claro: ¡A los niños les encantan los dinosaurios! Incluso comérselos.

La presencia de fósiles de terópodos no avianos (aunque no lo especifiquemos, vamos a partir de ahora a diferenciarlos así de los terópodos avianos; es decir, de las aves) en Aragón es, por el momento, escasa. Camarillasaurus, encontrado en el pueblo turolense de Camarillas, es el único descrito en nuestra región. Tampoco podemos presumir de un gran número de estos dinosaurios en España, los más destacados son los encontrados en el yacimiento de Las Hoyas (Cuenca): Pelecanimimus y Concavenator, un extraordinario espinosaúrido con joroba ya famoso gracias al cine. Sin embargo, los fósiles de otros grupos de dinosaurios comedores de plantas como saurópodos y ornitópodos son bastante más abundantes en el país.

Reconstrucción de Concavenator corcovatus. Dibujo: Jesús Gamarra

En general, en el mundo, el porcentaje de huesos fósiles que se encuentran de dinosaurios herbívoros es porcentualmente mucho mayor que el de dinosaurios carnívoros. Tampoco podemos extrañarnos demasiado, al igual que en los ecosistemas actuales, los ecosistemas Mesozoicos tendrían el justo desequilibrio entre el número de depredadores y de presas. Por otra parte, estamos acostumbrados a ver a los terópodos como grandes y temibles dinosaurios. En realidad la gran mayoría eran de talla media y pequeña, incluso tan diminutos como un gorrión. Sus huesos huecos y frágiles se fragmentarían con suma facilidad. Y recordemos que había terópodos de hábitos carroñeros dispuestos a triturar huesos y evitar que millones de años después pudiéramos encontrarlos. Entonces: ¿Cuál sería la parte del esqueleto de este grupo de dinosaurios con más posibilidades de fosilizar y llegar hasta nuestros días?

Miro una vez más el lugar donde apareció MPZ2011/59 y me doy cuenta que está cayendo el sol. Tengo que volver al pueblo. En media hora y después de saludar como es habitual a algunos de los villanovanos conocidos en otras muchas visitas, me siento a tomar una café en el bar de la calle San Antón. Mientras saboreo el café me viene a la memoria aquella mañana de enero paseando con mi amigo Agustín por el barranco Morenillo cuando en una roca vi un diminuto brillo. Me agaché para mirarlo detenidamente con la lupa de mano. Era un diente fósil de un crocodilomorfo, un antepasado de los cocodrilos actuales. Su esmalte lo había delatado.

Los dientes son las piezas de la anatomía terópoda más resistentes y que más fácilmente podemos encontrar fosilizadas. Los Paleontólogos han conseguido tal especialización en su estudio que son capaces de precisar la familia de terópodos a la que pertenecía la pieza. Un diente puede dar una información muy valiosa (aspectos morfológicos, biológicos y de biodiversidad) del individuo que lo perdió. Lo perdió, sí. Los terópodos no avianos reemplazaban sus dientes cada uno o dos años a lo largo de toda su vida. Parece bastante obvio, imaginemos un Tyrannosaurus sin casi dientes y sin ninguna clínica dental cerca.

En el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza hay depositados diversos dientes de dinosaurios terópodos encontrados en Aragón. El Dr.Antonio Alonso ha sido el encargado en los últimos años de estudiarlos. Hay ejemplares de notable importancia como por ejemplo MPZ2001/207, un diente de un individuo de la subfamilia de Baryonyx encontrado en Josa (Teruel).

MPZ2011/59. Foto: Guillermo Cubero

Enciendo mi ordenador portátil y me pongo a admirar a MPZ2011/59. Conserva el tercio central y buena parte del tercio basal de la corona (mide unos 7 cm. de longitud), aunque está incompleta por la zona distal, ha perdido la carena. El tercio apical está ausente. Lo primero que llama la atención es el tono de color marrón rojizo del esmalte y los bonitos dentículos que conserva en la carena mesial. La longitud de la corona de este diente completa podría llegar a los 13 cm. ¿A qué familia de dinosaurios terópodos perteneció este diente? Eso es un secreto que guarda para ese joven paleontólogo o para ese consumado científico que un día se lo preguntarán. MPZ2011/59 es un diente pendiente de estudiar, quizás nadie le ha admirado y se ha interesado en él tanto como yo.

Cierro mi portátil, me despido y comienzo a caminar por las calles oscuras de Villanueva de Huerva. Levanto la mirada y ahí sigue el cielo estrellado, el mismo que arropó durante noches y noches a ese dinosaurio terópodo que todavía no conocemos.

Otros dientes de dinosaurios terópodos encontrados en Pochancalo

En 2011 José Manuel Gasca, Ainara Badiola, José Ignacio Canudo, Miguel Moreno-Azanza y Eduardo Puértolas, miembros del Grupo Aragosaurus-IUCA, presentaron en las “V Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su entorno” celebradas en Salas de los Infantes (Burgos) los resultados de las prospecciones realizadas en el yacimiento Pochancalo de Villanueva de Huerva (Zaragoza). En las actas de estas jornadas publicaron el artículo “La asociación de vertebrados fósiles del yacimiento Pochancalo 1 (Valanginiense – Hauteriviense, Villanueva de Huerva, Zaragoza, España)”. En él describen los dientes de dinosaurios terópodos encontrados, a excepción de nuestro protagonista MPZ2011/59.

Dientes de terópodos procedentes de Villanueva de Huerva (Zaragoza) y depositados en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza, Fotos: Guillermo Cubero (A, B y C) y Grupo Aragosaurus-IUCA (D)

En Pochancalo se han encontrado varios fragmentos de dientes de terópodos de tamaño medio-grande. El MPZ2005/319 (C) es un fragmento de corona dental procedente de Pochancalo 1, conserva la carena distal con finos dentículos y una ornamentación vertical con suaves estrías en su esmalte. El MPZ2005/320 (B) procede de Pochancalo 2, un nivel estratigráficamente más moderno. Se trata de la punta del tercio apical de un diente de considerable tamaño en el que podemos distinguir los bordes aserrados en ambas carenas con dentículos de cierto grosor. Ambas piezas se atribuyen a individuos de la superfamilia Allosauroidea (Gasca et al., 2012), quizás podría tratarse de un carcarodontosaurio primitivo. Los carcarodontosaúridos eran ágiles depredadores a pesar de sus grandes dimensiones y robustez.

Igualmente se han recuperado dos dientes de pequeños dinosaurios terópodos en Pochancalo 1 pertenecientes a la familia Dromaeosauridae (Gasca et al., 2012). MPZ2011/49 (D) y MPZ2011/57 (A) son diferentes morfotipos, presentan dentículos en ambas carenas aunque los distales son más desarrollados. Destaca la ornamentación vertical estriada en el esmalte de MPZ2011/57 (A). Los dromeosaurios eran ágiles y veloces depredadores incluidos en el clado de los manirraptores, al cual pertenecen las aves.

Jesús Martín

Colaborador del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza

20/07/2020

Publicado por jesusmartinguiaitl

Guía Local ITL y Colaborador del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza

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